- «Un poeta, un escritor, un escultor, pueden trabajar su obra una y otra vez. Un torero está condenado a realizar su faena una sola vez. Se lo juega todo».
- "A juicio de Esplá, el proceso creador del gran arte del toreo se consuma a través de un «diálogo», mortal, entre la animalidad noble y sublime del toro y la sabiduría técnica y estética de un torero intentando plasmar su inspiración".
- "Esplá estima que, en definitiva, el arte taurino es una iniciación ejemplar a los más nobles principios morales, amenazados en nuestra sociedad inmoral y relativista: una ética caballeresca, una defensa ejemplar de los principios cardinales de lo bueno, lo bello y lo justo. «Incluso cuando sufre gravemente, cogido en una plaza, por las astas de un toro, el torero incluso está agradecido al toro: es ese sufrimiento suyo el que justifica de la manera más alta su arte, su oficio», comentó Esplá, agregando: «El torero no percibe la cornada como un accidente. La recibe incluso con agradecimiento íntimo y secreto: ese sufrimiento suyo da su sentido último a su arte».
16 diciembre 2009
El toreo, "iniciación ejemplar a los más nobles principios morales"
15 diciembre 2009
Dos reflexiones relacionadas con la Constitución
Pues bien, sea para conservar el modelo, sea para transformarlo, se necesita que las posiciones más templadas de la sociedad salgan de sus madrigueras y tomen las riendas del asunto. ¿Se acuerdan ustedes de que, durante el franquismo y en los primeros años de la transición, los derechos de los vascos y los catalanes, sus afanes de autonomía, eran defendidos por todos los demócratas españoles, desde la derecha hasta la izquierda y desde los cuatro puntos cardinales? ¿Se acuerdan, asimismo, de que muchísimos soberanistas, que no renunciaban a otros objetivos más radicales, esperando mejores tiempos para reivindicarlos, también se movieron en los terrenos de la lealtad?¿Dónde ha ido esa sociedad templada? ¿Qué ha sido de aquella lealtad? Las políticas minúsculas con orejeras y las pequeñas ruindades partidistas la han resquebrajado. (...) Pues bien, España terminará siendo lo que haya de ser, pero deberíamos asegurarnos que eso no nos lo deciden los extremismos centrípetos o centrífugos. Tiene que haber una movilización para recuperar la lealtad, porque sin ella, el Estado de las Autonomías es un globo pinchado."
Otra de Carlos Jiménez Villarejo, exfiscal anticorrupción, en Radio Euskadi (21-10-09) recogido por Artjoka, boletín de Eusko Ikaskuntza.
Más criterios:
- Serie de análisis en La Vanguardia ante el 25 aniversario de la Constitución, en 2003. El 1 de diciembre ofrecen el segundo, firmado por Josep Maria Sòria, y titulado "Estado monárquico o republicano". Atención a la idea que destila la entradilla:
"Los españoles dieron muestras de madurez política en varias ocasiones durante la transición. Una de ellas fue la rapidez con que se solventó el debate en torno a una cuestión tan simbólica y trascendental como la forma de Estado. El pragmatismo de la mayoría se impuso al esencialismo de unos pocos".
14 diciembre 2009
Nombres propios e ideas
"Habrá que pensar de una vez por todas que nuestro progreso, que está muy bien, se lleva sustentando siglos en políticas económicas, territoriales y políticas que han hecho y hacen mucho más daño al planeta que el -parece más que contrastado- cambio climático. Un lugar en el que cerca de la sexta parte de su población sufre desnutrición es un sitio tocado de muerte, aunque no se inunde todavía. No son reclamaciones excluyentes la una de la otra, pero ojalá Al Gore se hubiese fijado también en la pobreza. Claro, es menos novedad".
Juan Antonio Estrada, jesuita, catedrático de Filosofía de la Religión, en Diario de Noticias (13-12-09), sobre el papel del cristianismo.
José María de Areilza Carvajal, abogado, en Diario de Navarra (12-12-09), sobre el discurso de Obama al recoger el Nobel de la Paz.
Almudena Grandes, escritora, en El País (14-12-09), sobre el mismo asunto.
"Obama ha recurrido a ejemplos facilones para argumentar su defensa de las guerras justas. A Hitler no le hubiera detenido la diplomacia, afirmó. Tiene razón. Pero luego, de propina, añadió que América nunca le ha declarado la guerra a una democracia, y ahí le faltó añadir un adjetivo. Porque América nunca le ha declarado una guerra limpia a una democracia, pero ha pagado, planificado y sostenido muchas guerras sucias para acabar con otras tantas democracias. (...)Obama sigue teniendo razón en que Hitler no se habría rendido por las buenas, pero eso no justifica que sus buenas intenciones sean tenidas en cuenta ni, mucho menos, premiadas. Aunque sólo sea porque jamás, en toda la historia de la Humanidad, ha existido un solo jefe de Estado que, al emprender una guerra, haya declarado una intención distinta a la de obtener paz, seguridad y prosperidad para su pueblo. Y como ejemplo, sin ir más lejos, sigue valiendo Hitler".
"Hoy en día recibe más ayuda un automóvil recién nacido que un bebé. Hay informaciones básicas, silenciadas, que de repente refulgen y ponen en evidencia grandes hipocresías establecidas (...)La verdad de las verdades refulgía en el informe que este diario publicó ayer y se resume en este sumario: "Tres de cada cuatro madres tuvieron incidencias en su carrera profesional". Ser madre es un problema. Está penalizado por esta sociedad donde, según las estadísticas, es mayoritaria la religión que venera a un Dios piadoso. Mientras la natalidad aumenta en países como Francia, hay partes de España, las muy conservadoras, por cierto, donde la caída demográfica se revela como el más dramático problema. La diferencial no es el aborto. Son los mínimos de justicia social. Se dice que sobre el aborto las posturas son irreconciliables. No. Ahí tienen un inmenso espacio común (...)
"Si hay alguien que cree que abortar no es un problema moral, se equivoca. Es un problema moral, lo que no tiene por qué ser es un problema penal, o legal. Yo lo que creo es que legalmente debe haber la posibilidad de un acuerdo. Yo podría decir donde sitúo yo los valores, pero usted podría decirme que conoce a otro señor que los sitúa en otro sitio, y tendría razón. No, el problema es que tenemos que situarlos, para que sean colectivamente aceptables, en un punto que decidamos; y luego moralmente cada persona tendrá que enfrentarse con el dilema. Yo creo que es muestra de salud moral el que una persona dude antes de abortar, aunque el feto tenga una semana".
Son palabras de Fernando Savater. Es la filosofía en la que se sustenta la enmienda a la totalidad que hemos presentado contra el proyecto de ley remitido por el Gobierno a las Cortes; justo lo contrario al espíritu de banalización del aborto que inspira este proyecto (...)"
10 diciembre 2009
Insultando que es gerundio

Orgullo, interés y dignidad
¿Cuánta gente vota para que su gobierno beneficie a su país (o a las multinacionales de su país) aun con decisiones objetivamente injustas y a costa de derechos ajenos? ¿Tal vez tiene que ver el orgullo?Sobre este concepto escribió ayer la escritora Elvira Lindo en El País:
“Si buscáramos una palabra que definiera el sentir colectivo de esta época, puede que "orgullo" se llevara la palma. Orgullo es una palabra como casi todas, que encierra un Caín y un Abel. El orgullo nos inyecta la fortaleza necesaria para ser personas a pesar de patadas o caídas; pero el orgullo puede ser también intoxicador y excluyente. Sentir orgullo por lo que soy, por ser español, homosexual, mujer, americano, negro, por tener un apellido, sentir orgullo por haber ido a tal universidad, orgullo de clase, orgullo identitario, un orgullo que te define dentro de una comunidad y que da un sentido general a tu vida; orgullo de ser andaluz, ¿qué significa eso?, ¿ser más gracioso, más auténtico, más temperamental, formar parte de una gran familia?; orgullo de ser catalán, ¿qué es eso?, ¿tener más templanza, ser más discreto, más calculador, más trabajador?; orgullo de ser vasco, ¿qué es eso?, ¿ser noble, directo, serio, de fiar? La educación ha incidido catastróficamente en ese aspecto de la personalidad, ha engordado nuestros orgullos, los más idiotas, los más estériles. No parece ser un fenómeno que haya calado sólo en España; el orgullo es hoy un virus que se ha extendido por el mundo, convenciendo incluso a los pueblos más necesitados de progreso de que la tradición, aunque sea incompatible con los derechos humanos, ha de vivirse con orgullo”.
El 6 de diciembre, en Diario de Noticias el columnista Mariano Ferrer hacía un planteamiento relacionado con lo expuesto, contrastando “la Cataluña que no puede tener dignidad y la España que tiene de hecho intereses”:
“¿Por qué se puede trasladar el interés de los individuos a un sujeto colectivo y resulta improcedente hacerlo con la dignidad? Admito que el sentimiento de dignidad es subjetivo, pero igualmente lo es el interés”.
- Algunas preguntas sobre la mesa:
- ¿Puede brotar la fraternidad (palabra claramente en desuso, a pesar de ser uno de los tres pilares del liberalismo originario), cuando chocan los orgullos?
- ¿Existen las personas orgullosas de no sentirse orgullosas?
- ¿Cuánta parte de los orgullos que dicen ser defensivos terminan siendo ofensivos?
- ¿Cuántos que se dicen desacomplejados son en realidad orgullosos?
- ¿Qué parte tiene de narcisista el orgullo?
- ¿Qué parte de simpleza? (comentario de Iñaki Gabilondo ayer en su informativo)
- ¿Es verdad, como a veces se dice, que a la gente no le importan los asuntos identitarios?
04 diciembre 2009
Decían que era el fin de las ideologías
- ¿Ah, pero todavía existen? -me dijo-
Había pasado año y medio desde la caída del Muro de Berlín, y unos meses desde la primera Guerra del Golfo. A la URSS le quedaban dos telediarios, y hubo gente que pensó que la historia se había terminado. Hoy, cerca de veinte años después, en la primera potencia mundial la palabra socialista suena a insulto.
Aunque una sociedad que cree en la igualdad de oportunidades es más libre para que su ciudadanía desarrolle sus capacidades, la idea de libertad se ha descompensado culturalmente en los últimos tiempos. Los promotores del neoliberalismo tejieron un lenguaje de apariencia desideologizada, muy idóneo para la causa de un crecimiento que se fija poco en las cunetas o en la flaqueza de la clase media. Había que ir aprendiendo a emanciparse del papá estado, y hasta al capitalismo se le dejó de llamar por su nombre. En un sistema neocolonial entre países fuertes y empobrecidos, con una colosal especulación financiera, la desregulación económica (quitar reglas a la economía) adquirió categoría de dogma. Al gasto público, si no era para hacer carreteras o infraestructuras, había que meterle la tijera; aquí y también en el Tercer Mundo. Y los mandamases establecieron que la economía funcionaba aunque millones y millones de personas relegadas al olvido no lo notasen. Después, defendieron una inmigración ordenada, en un mundo de capitales desordenados.
Hoy, el dinero público ha salido al rescate de la economía, pero muchos pretenden salir de la crisis abaratando el despido y flexibilizando, aun a sabiendas, precisamente por el mercado, de que lo barato a menudo sale caro.
FALTA VOLUNTAD POLÍTICA CONTRA LA POBREZA
En todo caso ni antes ni ahora existió ni existe determinación por acabar con la pobreza en el mundo. Clamorosa falta de voluntad envuelta bajo una visión pretendidamente realista de la política, más o menos templada de compasión, que otorga carta de naturalidad a la pobreza por un lado, y promociona un alivio en forma de ayuda por el otro.
Los acontecimientos ocurridos durante el último año deberían replantear muchas cosas. "Cuando hay voluntad política, se movilizan todos los recursos necesarios y se mueven todos los resortes del sistema para hacer frente a una crisis", recuerda Teresa González, presidenta de Médicos del Mundo, comparando en la revista Triodos del pasado invierno las medidas tomadas para el rescate financiero con las necesarias para alcanzar los Objetivos del Milenio: "con cuatro veces menos dinero, reduciríamos la pobreza y el hambre a la mitad". En definitiva, lo acordado por 189 países para 2015, que ni obliga ni sanciona.
"La única posibilidad de que se cumplan estos Objetivos y sus correspondientes metas estriba en eliminar la laguna de la rendición de cuentas (…) Planteadas así las cosas, el incumplimiento de los Objetivos sería algo más que el fracaso de una política o unos programas: sería un incumplimiento flagrante de obligaciones legales contraídas con titulares de derechos".

