16 diciembre 2009

El toreo, "iniciación ejemplar a los más nobles principios morales"

Resumen de una conferencia de Luis Francisco Esplá , extorero recientemente retirado, en ABC (16-12-09)
  • «Un poeta, un escritor, un escultor, pueden trabajar su obra una y otra vez. Un torero está condenado a realizar su faena una sola vez. Se lo juega todo».
  • "A juicio de Esplá, el proceso creador del gran arte del toreo se consuma a través de un «diálogo», mortal, entre la animalidad noble y sublime del toro y la sabiduría técnica y estética de un torero intentando plasmar su inspiración".
  • "Esplá estima que, en definitiva, el arte taurino es una iniciación ejemplar a los más nobles principios morales, amenazados en nuestra sociedad inmoral y relativista: una ética caballeresca, una defensa ejemplar de los principios cardinales de lo bueno, lo bello y lo justo. «Incluso cuando sufre gravemente, cogido en una plaza, por las astas de un toro, el torero incluso está agradecido al toro: es ese sufrimiento suyo el que justifica de la manera más alta su arte, su oficio», comentó Esplá, agregando: «El torero no percibe la cornada como un accidente. La recibe incluso con agradecimiento íntimo y secreto: ese sufrimiento suyo da su sentido último a su arte».

15 diciembre 2009

Dos reflexiones relacionadas con la Constitución

Una de Iñaki Gabilondo en su informativo de ayer:


"El Estado de las Autonomías está lleno de desgarrones. Le han ido forzando de un lado y de otro, como si jugaran a la soka tira los centrífugos y los centrípetos, en la batalla eterna que libran los que quieren irse de casa con los que quieren que nadie se mueva de su cuarto. Este lunes vemos reunidos a los presidentes de las Autonomías pero, al verlos, no vemos lo común. Porque muchos de ellos no se acuerdan de que son también el Estado. Se comportan como si estuvieran de visita en el Estado y no tuvieran responsabilidad en él. (...)
Pues bien, sea para conservar el modelo, sea para transformarlo, se necesita que las posiciones más templadas de la sociedad salgan de sus madrigueras y tomen las riendas del asunto. ¿Se acuerdan ustedes de que, durante el franquismo y en los primeros años de la transición, los derechos de los vascos y los catalanes, sus afanes de autonomía, eran defendidos por todos los demócratas españoles, desde la derecha hasta la izquierda y desde los cuatro puntos cardinales? ¿Se acuerdan, asimismo, de que muchísimos soberanistas, que no renunciaban a otros objetivos más radicales, esperando mejores tiempos para reivindicarlos, también se movieron en los terrenos de la lealtad?¿Dónde ha ido esa sociedad templada? ¿Qué ha sido de aquella lealtad? Las políticas minúsculas con orejeras y las pequeñas ruindades partidistas la han resquebrajado. (...) Pues bien, España terminará siendo lo que haya de ser, pero deberíamos asegurarnos que eso no nos lo deciden los extremismos centrípetos o centrífugos. Tiene que haber una movilización para recuperar la lealtad, porque sin ella, el Estado de las Autonomías es un globo pinchado."

Otra de Carlos Jiménez Villarejo, exfiscal anticorrupción, en Radio Euskadi (21-10-09) recogido por Artjoka, boletín de Eusko Ikaskuntza.

"La Constitución española reconoce la economía de mercado, pero no está presidida por un "fundamentalismo de mercado" sino que concibe un mercado atenuado por contrapesos constitucionales tales como la intervención de los poderes públicos, las políticas en materia de redistribución de renta, etc. No obstante, ahora nos encontramos ante una nueva realidad: el sistema de economía de marcado globalizado que desborda los límites nacionales y, como se está comprobando con la crisis actual, entraña riesgos graves para la sociedad en su conjunto y para el propio concepto de libertad".

Más criterios:

"Los españoles dieron muestras de madurez política en varias ocasiones durante la transición. Una de ellas fue la rapidez con que se solventó el debate en torno a una cuestión tan simbólica y trascendental como la forma de Estado. El pragmatismo de la mayoría se impuso al esencialismo de unos pocos".

14 diciembre 2009

Nombres propios e ideas

Jorge Nagore, periodista, en Diario de Noticias (13-12-09), sobre las consecunecias de "nuestro progreso".

"Habrá que pensar de una vez por todas que nuestro progreso, que está muy bien, se lleva sustentando siglos en políticas económicas, territoriales y políticas que han hecho y hacen mucho más daño al planeta que el -parece más que contrastado- cambio climático. Un lugar en el que cerca de la sexta parte de su población sufre desnutrición es un sitio tocado de muerte, aunque no se inunde todavía. No son reclamaciones excluyentes la una de la otra, pero ojalá Al Gore se hubiese fijado también en la pobreza. Claro, es menos novedad".


Juan Antonio Estrada, jesuita, catedrático de Filosofía de la Religión, en Diario de Noticias (13-12-09), sobre el papel del cristianismo.

"Jesús habló poco de religión y cuando lo hizo fue, a menudo, para criticar al judaísmo de su tiempo, porque en vez de ayudar, comprender y liberar a las personas, las cargaba de normas y problemas; y, en vez de levantar sus espaldas encorvadas por tantos trabajos, preocupaciones o sufrimientos, les agobiaba con ritos y prohibiciones. Una de las paradojas es que nuestro mundo rico, ese 20% de la humanidad al que pertenecemos, dice ser mayoritariamente cristiano. Ahora, a la Iglesia en su conjunto, al clero y a los laicos, le falta compromiso, creatividad y testimonio. Podríamos preguntarnos si no ha habido una reconversión del cristianismo al judaísmo de la época de Jesús, y si la religión de nuestro tiempo no merecería exacta o aproximadamente las mismas críticas (...)"


José María de Areilza Carvajal, abogado, en Diario de Navarra (12-12-09), sobre el discurso de Obama al recoger el Nobel de la Paz.

"En Oslo pudimos escuchar de nuevo al mejor Obama, disertando sobre la guerra y la paz sin frases hechas ni simplificaciones, y aceptando con tanto realismo como sofisticación intelectual la gran complejidad de esta cuestión (...)"


Almudena Grandes, escritora, en El País (14-12-09), sobre el mismo asunto.

"Obama ha recurrido a ejemplos facilones para argumentar su defensa de las guerras justas. A Hitler no le hubiera detenido la diplomacia, afirmó. Tiene razón. Pero luego, de propina, añadió que América nunca le ha declarado la guerra a una democracia, y ahí le faltó añadir un adjetivo. Porque América nunca le ha declarado una guerra limpia a una democracia, pero ha pagado, planificado y sostenido muchas guerras sucias para acabar con otras tantas democracias. (...)
Obama sigue teniendo razón en que Hitler no se habría rendido por las buenas, pero eso no justifica que sus buenas intenciones sean tenidas en cuenta ni, mucho menos, premiadas. Aunque sólo sea porque jamás, en toda la historia de la Humanidad, ha existido un solo jefe de Estado que, al emprender una guerra, haya declarado una intención distinta a la de obtener paz, seguridad y prosperidad para su pueblo. Y como ejemplo, sin ir más lejos, sigue valiendo Hitler".


Manuel Rivas, escritor, en El País (12-12-09) sobre cómo reducir los abortos.

"Hoy en día recibe más ayuda un automóvil recién nacido que un bebé. Hay informaciones básicas, silenciadas, que de repente refulgen y ponen en evidencia grandes hipocresías establecidas (...)
La verdad de las verdades refulgía en el informe que este diario publicó ayer y se resume en este sumario: "Tres de cada cuatro madres tuvieron incidencias en su carrera profesional". Ser madre es un problema. Está penalizado por esta sociedad donde, según las estadísticas, es mayoritaria la religión que venera a un Dios piadoso. Mientras la natalidad aumenta en países como Francia, hay partes de España, las muy conservadoras, por cierto, donde la caída demográfica se revela como el más dramático problema. La diferencial no es el aborto. Son los mínimos de justicia social. Se dice que sobre el aborto las posturas son irreconciliables. No. Ahí tienen un inmenso espacio común (...)

Rosa Díez, diputada, en El País (10-12-09), sobre la "banalización" del aborto.

"Si hay alguien que cree que abortar no es un problema moral, se equivoca. Es un problema moral, lo que no tiene por qué ser es un problema penal, o legal. Yo lo que creo es que legalmente debe haber la posibilidad de un acuerdo. Yo podría decir donde sitúo yo los valores, pero usted podría decirme que conoce a otro señor que los sitúa en otro sitio, y tendría razón. No, el problema es que tenemos que situarlos, para que sean colectivamente aceptables, en un punto que decidamos; y luego moralmente cada persona tendrá que enfrentarse con el dilema. Yo creo que es muestra de salud moral el que una persona dude antes de abortar, aunque el feto tenga una semana".
Son palabras de Fernando Savater. Es la filosofía en la que se sustenta la enmienda a la totalidad que hemos presentado contra el proyecto de ley remitido por el Gobierno a las Cortes; justo lo contrario al espíritu de banalización del aborto que inspira este proyecto (...)"


10 diciembre 2009

Insultando que es gerundio


“Mi mujer, que es japonesa, exclama: ¡Menudo chollo! Los españoles pagáis al contado y, encima, convertís en héroes a esos pijos. Razón lleva. Pijos, caraduras, gilipollas y gorrones, añado. ¿Acció solidaria? No. Acción mamaria (de mamoneo)”.


Fernando Sánchez Dragó en El Mundo (8-12-09), en artículo titulado "Gorrones sin fronteras", sobre los cooperantes secuestrados en Mauritania y el resto de compañeros de Acció Solidària. La imagen, de wikipedia.

Orgullo, interés y dignidad

¿Cuánta gente vota para que su gobierno beneficie a su país (o a las multinacionales de su país) aun con decisiones objetivamente injustas y a costa de derechos ajenos? ¿Tal vez tiene que ver el orgullo?
Sobre este concepto escribió ayer la escritora Elvira Lindo en El País:

“Si buscáramos una palabra que definiera el sentir colectivo de esta época, puede que "orgullo" se llevara la palma. Orgullo es una palabra como casi todas, que encierra un Caín y un Abel. El orgullo nos inyecta la fortaleza necesaria para ser personas a pesar de patadas o caídas; pero el orgullo puede ser también intoxicador y excluyente. Sentir orgullo por lo que soy, por ser español, homosexual, mujer, americano, negro, por tener un apellido, sentir orgullo por haber ido a tal universidad, orgullo de clase, orgullo identitario, un orgullo que te define dentro de una comunidad y que da un sentido general a tu vida; orgullo de ser andaluz, ¿qué significa eso?, ¿ser más gracioso, más auténtico, más temperamental, formar parte de una gran familia?; orgullo de ser catalán, ¿qué es eso?, ¿tener más templanza, ser más discreto, más calculador, más trabajador?; orgullo de ser vasco, ¿qué es eso?, ¿ser noble, directo, serio, de fiar? La educación ha incidido catastróficamente en ese aspecto de la personalidad, ha engordado nuestros orgullos, los más idiotas, los más estériles. No parece ser un fenómeno que haya calado sólo en España; el orgullo es hoy un virus que se ha extendido por el mundo, convenciendo incluso a los pueblos más necesitados de progreso de que la tradición, aunque sea incompatible con los derechos humanos, ha de vivirse con orgullo”.

El 6 de diciembre, en Diario de Noticias el columnista Mariano Ferrer hacía un planteamiento relacionado con lo expuesto, contrastando “la Cataluña que no puede tener dignidad y la España que tiene de hecho intereses”:

“¿Por qué se puede trasladar el interés de los individuos a un sujeto colectivo y resulta improcedente hacerlo con la dignidad? Admito que el sentimiento de dignidad es subjetivo, pero igualmente lo es el interés”.
  • Algunas preguntas sobre la mesa:
  1. ¿Puede brotar la fraternidad (palabra claramente en desuso, a pesar de ser uno de los tres pilares del liberalismo originario), cuando chocan los orgullos?
  2. ¿Existen las personas orgullosas de no sentirse orgullosas?
  3. ¿Cuánta parte de los orgullos que dicen ser defensivos terminan siendo ofensivos?
  4. ¿Cuántos que se dicen desacomplejados son en realidad orgullosos?
  5. ¿Qué parte tiene de narcisista el orgullo?
  6. ¿Es verdad, como a veces se dice, que a la gente no le importan los asuntos identitarios?

04 diciembre 2009

Decían que era el fin de las ideologías

Hace muchos años acudí a las sedes de distintos partidos políticos a solicitar programas electorales. En la socialista me atendió un joven alto cargo, hoy retirado de la vida pública, al que le dije que mi objetivo era comparar ideologías:
- ¿Ah, pero todavía existen? -me dijo-
Había pasado año y medio desde la caída del Muro de Berlín, y unos meses desde la primera Guerra del Golfo. A la URSS le quedaban dos telediarios, y hubo gente que pensó que la historia se había terminado. Hoy, cerca de veinte años después, en la primera potencia mundial la palabra socialista suena a insulto.

Aunque una sociedad que cree en la igualdad de oportunidades es más libre para que su ciudadanía desarrolle sus capacidades, la idea de libertad se ha descompensado culturalmente en los últimos tiempos. Los promotores del neoliberalismo tejieron un lenguaje de apariencia desideologizada, muy idóneo para la causa de un crecimiento que se fija poco en las cunetas o en la flaqueza de la clase media. Había que ir aprendiendo a emanciparse del papá estado, y hasta al capitalismo se le dejó de llamar por su nombre. En un sistema neocolonial entre países fuertes y empobrecidos, con una colosal especulación financiera, la desregulación económica (quitar reglas a la economía) adquirió categoría de dogma. Al gasto público, si no era para hacer carreteras o infraestructuras, había que meterle la tijera; aquí y también en el Tercer Mundo. Y los mandamases establecieron que la economía funcionaba aunque millones y millones de personas relegadas al olvido no lo notasen. Después, defendieron una inmigración ordenada, en un mundo de capitales desordenados.
Hoy, el dinero público ha salido al rescate de la economía, pero muchos pretenden salir de la crisis abaratando el despido y flexibilizando, aun a sabiendas, precisamente por el mercado, de que lo barato a menudo sale caro.

FALTA VOLUNTAD POLÍTICA CONTRA LA POBREZA
En todo caso ni antes ni ahora existió ni existe determinación por acabar con la pobreza en el mundo. Clamorosa falta de voluntad envuelta bajo una visión pretendidamente realista de la política, más o menos templada de compasión, que otorga carta de naturalidad a la pobreza por un lado, y promociona un alivio en forma de ayuda por el otro.
Los acontecimientos ocurridos durante el último año deberían replantear muchas cosas. "Cuando hay voluntad política, se movilizan todos los recursos necesarios y se mueven todos los resortes del sistema para hacer frente a una crisis", recuerda Teresa González, presidenta de Médicos del Mundo, comparando en la revista Triodos del pasado invierno las medidas tomadas para el rescate financiero con las necesarias para alcanzar los Objetivos del Milenio: "con cuatro veces menos dinero, reduciríamos la pobreza y el hambre a la mitad". En definitiva, lo acordado por 189 países para 2015, que ni obliga ni sanciona.

¿Sacaremos alguna de estas lecciones de la crisis o nos limitaremos a resignarnos con su supuesto carácter cíclico? ¿Qué debería entonces cambiar? En el documento Medidas a medias tintas, publicado en mayo de este año, Amnistía Internacional pone el dedo en la llaga:

"La única posibilidad de que se cumplan estos Objetivos y sus correspondientes metas estriba en eliminar la laguna de la rendición de cuentas (…) Planteadas así las cosas, el incumplimiento de los Objetivos sería algo más que el fracaso de una política o unos programas: sería un incumplimiento flagrante de obligaciones legales contraídas con titulares de derechos".